La estrella vuelve a brillar. Un texto de Miquel Climent.

Por Miquel Climent

Está de moda hablar y escribir sobre los Cowboys. Y no es para menos, son el equipo que lidera la NFL y que mejores sensaciones está dejando hasta el momento. Se lo han ganado.

Aprovechando el momento, un servidor os dará a conocer su opinión sobre éste tema no sin antes recomendaros expresamente que leáis y, sobre todo, disfrutéis de los artículos que ya realizaron tres referencias de la NFL en España como son Jose Villelabeitia y Rubén Ibeas en NFLHispano, así como Jorge Ulloa (al cual agradezco muchísimo que me deje colgar mi artículo aquí) en éste mismo blog. Dicho sea de paso, intentaré en la menor medida de lo posible repetir las ideas y conceptos que ya expresaron en su día las tres excelencias ‘footballísticas’ mencionadas anteriormente. Siempre desde un punto de vista personal y con la mayor dosis de humildad posible.

Cómo muchos de vosotros sabréis, los Dallas Cowboys son el equipo NFL preferido por los estadounidenses. Tras unas últimas temporadas con más pena que gloria, en dónde acabaron con un récord global de 24-24 — desde 2011 hasta 2013 — realizando un balance de 8-8 en cada una de éstas campañas, muchos de los aficionados a éste maravilloso deporte no entendíamos como un equipo con tanto potencial fuese incapaz de rendir al nivel de lo esperado. Atrapados en la mediocridad y con más pesimismo que otra cosa, los Boys finalizaron la temporada pasada una vez más fuera de los ‘Playoffs’ y dejando en el recuerdo un paupérrimo rendimiento defensivo que pasaría a los anales de la historia de la National Football League como uno de los peores nunca vistos.

Así pues, los Cowboys encaraban la temporada 2014 con más malas sensaciones que nunca en lo que al apartado defensivo se refiere y más tras la lesión del LB Sean Lee en el ‘Training Camp’ y las salidas de los pass rushers DeMarcus Ware y Jason Hatcher. Muchas eran las preguntas y suposiciones de si estábamos posiblemente ante la que iba ser la peor defensa de la historia. Vistos los acontecimientos, el razonamiento era más que obvio y muchos de nosotros, entre los cuales me incluyo, presagiábamos que se avecinaba una debacle de magnitudes épicas. Pero para sorpresa de los ‘presentes’, hasta la fecha no está siendo así y todo ha cambiado hacia mejor. Vaya que si ha cambiado.

Con un Orlando Scandrick como corazón de ésa defensa seguido de un sorprendente Rolando McClain, al que aquí sí que todos dábamos como acabado, terminado y destruido después de los hechos acontecidos hace un par de años, los Cowboys vuelven a estar posicionados en la clasificación de las mejores defensas.

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Pero no es únicamente el tema defensivo el único aspecto del actual y momentáneo ‘éxito’ de los Dallas Cowboys éste año. Está también ése factor al que muchos casi ni le dan importancia, que no acapara muchos titulares ni sale en las portadas, y al que por supuesto la gente tiende a infravalorar en exceso. En efecto, estoy hablando de la OL, esa línea frontal de 5 encargada de evitar que los defensas lleguen al QB así como también de facilitar los ‘carries’ del RB. La Offensive Lineman, sí señor, el corazón de un equipo NFL que marca la diferencia, que señala tú camino en la temporada, que hace que estés entre la gloria o el infierno. Esa pequeña línea.

Los Cowboys son muy afortunados de tener la OL que tienen. La mejor de la liga sin lugar a dudas. Digna de la élite y del Olimpo de los Dioses, que recuerda a la que ya tuvieron durante los finales de los 90 llamada ‘The Great Wall of Dallas’, la mejor de la historia. Es toda una maravilla verles en cada snap, un lujo, un privilegio, un regalo, pónganle el calificativo que deseen. Capaces de dar hasta media docena de segundos a Romo para lanzar el balón ó de abrir auténticas autopistas a DeMarco Murray. En definitiva, capaces de todo.

Tanto es así que el LT Tyron Smith ganó en la W6 el premio al ‘Mejor Jugador de Ofensivo de la NFC’. Un premio que se le podría haber otorgado perfectamente a cualquier otro integrante de la línea ofensiva y que desde 2004 no ganaba un O-Lineman. Logro que nos da a entender lo escandalosa que es y puede llegar a ser esa OL. Una auténtica proeza de la que sin duda es difícil hacerse una idea real de lo grande y meritorio que es ganar un galardón así en una liga plagada de WR’s y RB’s fueras de serie que junto con el QB suelen acaparar todos los focos.

Si Dallas mantiene éste rendimiento, los mayores beneficiados serán un DeMarco Murray que, si ‘cura’ su problema de fumbles es el mejor RB de la NFL, y su cuerpo de receptores encabezado por Dez Bryant que cada vez se le vé más centrado e implicado con el equipo. Todo ello, sin olvidar el aspecto defensivo ya mencionado en primer lugar. Dos tesoros que merecen ser más que cuidados, y que gracias a ello, hacen que ésa estrella que ya llevaba un par de años sin luz ubicada en lo más alto del firmamento, vuelva a brillar.