Una estrella en la bahía

No, no nos referímos a Kaepernick. Al menos hoy no. Situémonos en la Superbowl XLVI. Los Giants (a nadie le sorprenderá conocer que es mi equipo desde el primer día que vi a Eli Manning) disputaban de nuevo una final ante los Patriots. Volvían a no ser favoritos, habían entrado por los pelos en Playoffs derrotando agónicamente en la última jornada a los Cowboys, por lo que se podía decir que llevaban una ronda más de PO que los equipos de wildcard, dos más que los Pats. Un Foster’s repleto y un servidor que con la idea de ir lo más parecido a los colores de los neoyorquinos fracasó en el intento. Por otro lado, un amigo, aficionado también a la NFL con su camiseta de Rodgers verde, al cual envidiaba. Aunque no jugase su equipo llevaba la indumentaria perfecta, por lo que tras aquel triunfo con el TD final de Bradshaw y, sobre todo, aquel impresionante catch pegado a la línea de banda de Mario Manningham, decidí que no se repetiría esa situación.

Aquello desembocó en casi una necesidad de tener camiseta para el año siguiente. Pasaron unos meses hasta que decidí encargar mi “tesoro” más preciado, esa camiseta azul de la nueva hornada de Nike de los Giants con el 10 a la espalda. Esto lleva a enlazar casi con la historia de hoy. A la que hacía el pedido, le pregunté a otro amigo, fan de los Niners, seguidor del football desde mucho antes que yo y que se reenganchó debido a mi pesadez cada domingo, que si quería él alguna. Dudó, porque tenía un dilema. No encontraba una figura en su equipo que le llevase a querer esa camiseta por encima de otra cualquiera.

Me paré a pensar y sí, San Francisco es un gran equipo, un equipazo, conjuntado y eficiente. Pero resultaba complicado destacar a alguien. No había un QB top, pese a su número 1 del draft, Alex Smith no tenía el tirón que se le suele presuponer a un QB en un equipo top de la liga. Tampoco lo era Gore, que pese a que cumplía con creces no es considerado un top 5 de la liga ni de cerca en su posición. ¿Receptores? Complicado, Crabtree se erigía como el más destacado, pero aun así no para comprarse su camiseta. Quizás Vernon Davis. Pero entonces lo pensé. ¡Claro! Patrick Willis. ¿Cómo no se me había ocurrido? Está claro que la ofensiva vende más, pero si había que destacar un nombre en ese equipo tenía que ser el LB de los de la bahía. No era lo suficiente como para que mi amigo se comprarse la camiseta, pero sí para lanzarme a conocerle más en profundidad. Más allá de acciones puntuales en lo poco que veía a lo largo de un año a San Francisco, cuyos partidos no acaban de engancharme (salvo cuando aparece un Kyle Williams de turno a liarla y darle emoción como contra los Giants en 2012). Pero claro, si en el anuncio de VISA era el principal jugador al que, ese aficionado que les echaba la charla cual Jim Harbaugh, le dedicaba unas palabras personalmente, tenía que tener algo.

A sus 28 años de edad, acumula ya 6 Pro-Bowl, ha realizado 812 tackes en la NFL. Nacido en Bruceton, Tennessee, tuvo una infancia terriblemente complicada. Forzado a trabajar en los campos de algodón desde los 10 años, fue a los 17 cuando, junto a sus hermanos, fue obligado a irse de casa por los servicios sociales, ya que la situación con su padre, alcohólico y violento, se había vuelto insostenible. Acudió al  Hollow Rock-Bruceton Central High School, cuyo entrenador de baloncesto le acogió en su casa junto a sus hermanos, ya que practicaba más deportes además del football. Fue el primer jugador en lograr el premio a mejor linebacker a la vez del de mejor back, jugando como tailback. Sin embargo, en el momento de dar el salto a la universidad, solo era considerado el 60º mejor linebacker proveniente de instituto. Tuvo ofertas tanto de Ole Miss como de Memphis, pero acabó decantándose por los primeros.

Willis jugó allí hasta 2006 coincidiendo en 2003 con el actual QB de los Giants, Eli Manning, ganando multitud de premios gracias a su gran labor en su posición, liderando la conferencia SEC en tackles desde 2004, perteneciendo al mejor equipo del año en 2005 y 2006 e incluso este último año fue nombrado mejor LB de la NCAA, con el trofeo Jack Lambert que había ganado AJ Hawk el año anterior y que ganaría James Laurinaitis los 2 siguientes. También ganó el Butkus Award, que no solo se centra en jugadores de universidad, premio que repetiría en 2009 como jugador ya de los Niners.

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Acababa el ciclo de 4 años, luego se presentaba al draft. Los mocks no le colocaban más arriba del final de 1ª ronda, pero tras una gran combine y sobre todo, su marca de 4.51 en las 40 yds (uno de los más rápidos entre los LB). Ya comentaba su entrenador en Ole Miss, Ed Orgeron que:

“Patrick leads by example. He is not a big talker. He just gets in there and does his job every day and makes everybody around him better.”

Es decir, no solo hacía su trabajo, sino hacía mejores a sus compañeros. El recibimiento en la bahía no podía ser mejor, y enseguida se puso el “Hall of fame” Mike Singletary a trabajar con él para hacerle dueño de la defensa 3-4 de los Niners. El propio Mike comentaba:

“I’ve coached two of the greatest linebackers — one that has already proven to be one of the greatest and one who will prove to be.”

El que ya lo había demostrado es Ray Lewis. A ese nivel estaba colocando a Willis, el cual no tardó en asombrar con 11 tackles en su debut en la NFL. Acabó con la friolera de 174 tackles, aunque el dato no oficial que manejaban los 49ers es que había superado los 200. Una locura de temporada rookie que le llevó a la Pro-Bowl junto al punter Andy Lee. Los únicos representantes de San Francisco en la cita. Como parece obvio ante esos números, fue nombrado rookie defensivo del año. Pero no solo eso, apareció en el primer equipo All-Pro y ganó el premio al mejor LB de la liga. Nadie aparecía en el All-Pro y era rookie defensivo del año en el equipo desde 1981.

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La siguiente temporada fue la de su consolidación como uno de los mejores LB de la liga. No llegó al primer equipo All-Pro (se quedó en el segundo) pero anotó su primer TD en la NFL. Sí volvió a ese primer equipo en 2009, cuando volvió a liderar la liga en tackes con algo menos de 160. Todo esto llevó a que en 2010, Willis firmase su extensión de contrato con los 49ers. Un acuerdo de 5 años y 50 millones, 29 de ellos garantizados, lo que le hacía el LB mejor pagado de toda la NFL. A pesar de las lesiones, repitió en el primer equipo, ganó por tercera vez el premio a mejor LB e incluso mejoró en facetas del juego como los sacks, situando un nuevo límite de 6 al final de la campaña.

No volvería a repetir esos primeros 3 años en cuanto a número de tackles (en 2011 solo pudo jugar 13 partidos y no llegó a 100), pero San Francisco, con este jugador, graduado en justicia criminal desde entonces ha llegado a una final de conferencia y a una superbowl. Es posible que ya no sea el más mediático, que Kaepernick le haya robado ese puesto en la cabeza de muchos fans, pero sigue siendo imprescindible. Y sino que se lo digan a VISA, que repite con él este año en su campaña publicitaria.

Se le escapó esta temporada la SB tras una parte nefasta de todo el equipo y falta de tiempo de remontar tras el apagón en New Orleans. Pero que nadie dude que volverán a estar ahí esta temporada.

Patrick+Willis+Super+Bowl+XLVII+Baltimore+ovAYLqI4qGol