El largo trayecto de Long Beach a New York

Long Beach, situada en el estado norteamericano de California es la trigésimo primera ciudad en población de los Estados Unidos. Destacada potencia marítima en el país, bañada por el océano Pacífico, se sitúa a apenas 40 kilómetros de Los Ángeles. Además de todo esto, Long Beach es el lugar donde en noviembre de 1986 nació uno de los quarterbacks que más ha dado que hablar en el último año, Mark Sánchez.

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Hijo de Nick y Olga Sánchez, tanto Mark como sus hermanos a partir de los cuatro años, cuando sus padres se separaron, se fueron a vivir con Nick, aunque su madre no llegó a desaparecer en ningún momento de sus vidas. Su padre les inculcó una educación estricta y disciplinada, quería que fuesen líderes, que destacasen en todo aquello en lo que se involucrasen, ya fuesen deportes o en los propios estudios. Dentro de todos esos deportes tocó el baloncesto, el beisbol y, claro está, el football. No fue hasta que llegó a octavo curso cuando Mark se decantó por él, sin tener clara cuál era la posición que mejor le vendría. Tras consultar a los entrenadores, decidieron que podría ser un buen QB, siempre que se aplicase en aprender todo lo relacionado con la posición. Su padre comenzó su entrenamiento y Sánchez se unió al equipo del instituto en el que estudiaba, el Santa Margarita High School. No fue hasta su año sophomore cuando comenzó a jugar con el equipo, asombrando desde el primer momento ya que su primer pase acabó siendo un TD de 55 yardas.

En su año junior cambió de equipo, uniéndose al equipo de Mission Viejo, donde el head coach era Bob Johnson, uno a los que el padre de Mark pidió ayuda para determinar la posición idónea para su hijo y que ya ayudó a otros QBs de la NFL como Carson Palmer. Esta dupla llevó al equipo a un record de 27-1 en los 2 años que Sánchez jugó en el equipo. Se hizo un nombre entre las mejores promesas de su puesto que le llevó a irse a la universidad de Southern California al acabar su ciclo. Pero su periplo en la universidad no comenzó tan bien como debería.

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No solo no jugó en su primer año (eligió ser redshirt para no perder años de elegibilidad) aunque sí estuvo con el equipo reserva de los Trojans. La lesión de Booty le impulsó a la titularidad en 2006, pero tras jugar varios encuentros, al recuperarse este en otoño, volvió a recuperar su puesto, relegando a Sánchez al banquillo. Si todo esto no era suficiente, Mark fue arrestado debido a que una estudiante de la universidad le acusó de acoso sexual. Salir en libertad le costó la friolera de 200.000 dólares y además ser suspendido internamente por los Trojans. Aun así, el caso no llegó a más por falta de pruebas. Esa temporada apenas jugó en 3 encuentros sin lanzar TDs, pero si una intercepción.

La mala suerte seguía con Sánchez, ya que en los entrenos previos al inicio de la temporada de 2007, se rompió el pulgar de la mano derecha, lo que le volvió a dar una ventaja en el puesto a Booty, que se encontraba en el último año como jugador universitario. Pero el “karma” le devolvió parte de lo que le había quitado y tras la lesión en la misma mano de su rival por el puesto en el encuentro ante Stanford, Sánchez fue nombrado QB1, puesto que tampoco le duraría demasiado. Su debut ante Arizona no pudo ser peor en la primera mitad, lanzando 2 intercepciones. Los Trojans pese a todo lograron llevarse el encuentro con Mark mejorando en la segunda parte, y lanzando incluso un TD, el primero como titular en USC. Mejor le fue ante Notre Dame lanzando 4 TDs sin intercepciones para un total de 235 yardas. Ante Oregón volvió a mostrar su irregularidad con un mal encuentro, que le llevó al banquillo el resto de la temporada tras recuperarse Booty de su lesión.

Acabó la temporada y por tanto se quedó sin competencia. Por fin la temporada 2008 iba a ser su año, libre de rivalidades… o no. Arkansas transfirió al QB Mitch Mustain, el cual, al igual que Sánchez en 2005 había sido nombrado un año más tarde mejor QB de High School. La competencia hizo crecerse a Sánchez, que logró ser el QB titular durante la temporada, no sin susto inicial, ya que se dislocó el hombro en la pretemporada. Logró llegar al partido inicial animado por sus predecesores en el puesto (entre ellos Carson Palmer, de nuevo o Matt Leinart). Y con él al mando, los Trojans fueron capaces de acabar el año con 12-1 como segunda mejor universidad del país según el ranking de los entrenadores (terceros según la prensa). Disputaron la Rose Bowl, acabando el encuentro con 413 yardas y siendo el MVP ofensivo del encuentro. Era la marca más alta desde que Palmer se fuese a 425 en 2002. También destacar que en total se fue a los 34 pases de TD, segundo en la historia de los Trojans en una campaña tras Leinart.

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Los focos estaban sobre él y no lo dudó: se presentaba al draft. Decisión que no le gustaba nada a su entrenador, que llegó a afirmar que los QBs que se presentaban prematuramente al draft en gran parte fracasaban. No olvidemos que era su cuarta temporada en los Trojans, aunque tras su primer año como redshirt contaba como la tercera. De todos esos años, solo había logrado ser titular en uno. Pero claro, era demasiado jugoso poder salir arriba si Bradford, McCoy o Tebow decidían no presentarse. Todos los negocios quedaban en familia ya que su propio hermano iba a ser su agente.

Llegó el draft. Solo un QB era rankeado por encima de él, Matthew Stafford. Además Seattle, Cleveland, Washington y Jets se habían fijado en él. Los Jets partían con un puesto 17, mientras que los otros 3 equipos tenían el 4, 5 y 13 respectivamente. Resultaba imposible que a NY les llegase, por lo que tuvieron que subir puestos, concretamente hasta el número 5 de los Browns, dándoles a Kenyon Coleman, Abram Elam y Brett Ratliff, además de su primera y segunda ronda. Dudo que si supiesen como les iba a salir se hubiesen lanzado de esta manera. Pero no todo quedó ahí, sino que sin lanzar ni un solo pase como Jet, ya había firmado un CONTRATAZO de 50 millones, casi 30 de ellos garantizados por 5 años, ese mismo que aún arrastra y que hace que los Jets tengan más fácil cortar a cualquier otro QB que a él. Desde entonces acumula en 4 años un 55% en pases, 12.090 yds, 68 TDs y 69 INTs con un paupérrimo rating de 71.7. Llevó los 2 primeros años a los Jets a playoffs perdiendo en ambos en la final de la AFC ante Steelers y Colts, ahí sí, con un buen rating, más de 90.

El resto, ya lo conocéis. No creo que todo resida en problemas de Sánchez, la calidad la tiene, o eso suponemos si logró esos 2 primeros años tan buenos. Es posible que haya perdido confianza quizás por un contrato excesivo nada más llegar a la NFL. O lo mismo solo ha perdido ese descaro de jugador recién llegado a la liga. O no todo es culpa suya y los compañeros que le rodean también la tengan, una OL que no le protege (de 26,5 sacks de media sus 2 primeros años, a 37 los 2 siguientes) y no le imprime ningún tipo de seguridad en sus acciones (4 fumbles perdidos entre los 2 primeros años, 16 en los 2 siguientes). Este último año ni se ha atrevido a correr, ha pasado de más de 30 intentos y 100 yardas para conseguir de 3 a 6 TDs a apenas avanzar 28 yds en 22 intentos, sin anotación alguna. Ahora aparece la competencia de Geno Smith, desaparece (si algún día la hubo) la de Tim Tebow y sigue la tímida de McElroy que ya le puso en dificultades a final de la pasada campaña jugando mejor que él. Quizás solo necesite competencia como en los Trojans, tener que volver a ganarse el puesto, demostrar por qué Mark Sánchez debe volver a ser respetado y dejar las burlas de cualquier aficionado como una mera anécdota superada. Una más.

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